martes, 11 de agosto de 2009

Trastornos de la Alimentación


La Bulimia y la Anorexia son enfermedades psiquiátricas que se caracterizan por presentar alteraciones de la conducta alimentaria, pueden generar graves problemas físicos, mentales y tienen un riesgo vital elevado.
El inicio de ambas por lo general es insidioso y se presenta frecuentemente posterior a la realización de una dieta sin supervisión de especialistas.
ANOREXIA
En este cuadro se observa una disminución gradual de las cantidades de alimentos ingeridos con la eliminación total o parcial de algunos tipos, generalmente los más calóricos. Esta restricción puede acompañarse de otras conductas destinadas a aumentar el gasto de energía (ejercicios excesivos) o a producir una menor absorción de los alimentos o líquidos (uso de laxantes, diuréticos o inducción de vómitos) .


Comienzan a obsesionarse en la cantidad de calorías que contienen los alimentos y están muy pendientes y preocupadas de eso, sobre todo a la hora de comer. Se controlan el peso frecuentemente, no logrando sentirse cómodas con éste, a pesar de bajar de peso. Se produce una alteración de la imagen corporal que las lleva a seguir deseando estar más flacas aunque se encuentren en franca desnutrición.


Por lo general no poseen conciencia de estar enfermas ni de necesitar ayuda y suelen enojarse mucho con quienes se muestran preocupados por cómo les está afectando este tema, llegando muchas veces a ocultar, negar y minimizar estas conductas o simplemente mentir sobre las cantidades de alimentos ingeridos.


La baja de peso lleva a complicaciones médicas en diversos órganos y sistemas del cuerpo que pueden llevar a la muerte (cardiovascular, neurológico, endocrinológico, ginecológico, óseo, digestivo ) afectando además, de manera importante, el funcionamiento general ya que disminuye el ánimo, aumenta la irritabilidad, produce cambios de personalidad, crisis de angustia, disminuye la concentración, la memoria, altera el sueño y puede llegar a producir alteraciones de la percepción de la realidad.


Las personas que desarrollan una anorexia , por lo general, son autoexigentes, perfeccionistas con marcados rasgos obsesivos, problemas de autoestima y dificultades para expresar y reconocer sus emociones. Pueden asociarse a eventos vitales difíciles y dificultades en el funcionamiento familiar.


BULIMIA
En la Bulimia, en el afán de cumplir una dieta para bajar de peso, se produce un descontrol en la ingesta de los alimentos, llegando a presentar episodios donde ingieren, por lo general a escondidas, cantidades excesivas de alimentos en muy poco tiempo con la posterior inducción de vómitos para intentar eliminar los alimentos ingeridos y tener la falsa sensación de tranquilidad al pensar que así no van a subir de peso. (Falsa sensación ya que la inducción de vómitos es una manera inefectiva y tremendamente peligrosa, para bajar de peso). Estas conductas se van volviendo adictivas y por lo general se desencadenan frente a estados emocionales desagradables (rabia, frustración, tristeza). Los vómitos llevan a un aumento del descontrol de la ingesta y ésta a un aumento de los vómitos, provocando un círculo vicioso difícil de frenar sin ayuda especializada.


También puede acompañarse de otras conductas compensatorias como el ejercicio excesivo o el uso de laxantes o diuréticos.
Las personas que desarrollan una Bulimia por lo general presentan dificultades para controlar sus impulsos, inestabilidad del ánimo, problemas de relaciones interpersonales, baja autoestima y suele asociase a la presencia de eventos vitales traumáticos o a problemas en sus relaciones familiares.


Las complicaciones más frecuentemente presentadas son alteraciones metabólicas, cardiovasculares, gastritis, úlceras esofágicas, hemorragias digestivas, problemas dentales y alteraciones emocionales. Se asocia a mayor consumo de alcohol y drogas.
Las personas con un Trastorno de la conducta alimentaria deben recibir ayuda especializada lo más pronto posible, lo ideal es poder intervenir mucho antes que se genere el trastorno propiamente tal, en la etapa en la que se desea bajar de peso, solicitando la supervisión y acompañamiento de especialistas en la elección y realización de una dieta.


Se les recomienda a los padres no minimizar estas conductas, estar atentos a los cambios en los patrones de alimentación que presenten sus hijos, fomentar la realización de comidas en familia y con mayor estructura (horarios, tipos de comidas). Supervisar la alimentación de sus hijos dentro y fuera de la casa, no transmitirles una mayor importancia de la imagen corporal por sobre otras características individuales. Brindarles la posibilidad de recibir ayuda para manejar problemas de autoestima a edades tempranas.


El manejo de estos trastornos debe ser realizado por profesionales especializados en este tema que lo aborden dentro de un equipo multidisciplinario compuesto por Psiquiatras, psicólogos, nutriólogos, endocrinólogos y ginecólogos. Abarcando todas las áreas de desarrollo y en niños y adolescentes se ha demostrado que el trabajo con sus familias es indispensable.
Hay que tener en cuenta que son enfermedades que presentan un riesgo vital elevado y que provocan graves complicaciones físicas y mentales, sobre todo en niños y adolescentes, ya que altera el desarrollo de éstos en todas sus áreas comprometiendo el crecimiento y su funcionamiento global.


Existe un porcentaje alto de estos trastornos que se vuelven crónicos, la forma en que evolucionan depende, en gran parte, del tiempo de duración que lleve el trastorno antes de iniciar tratamiento y de la edad de presentación. Mientras más precozmente se inicie el manejo, mejor es el pronóstico que puede presentar. No se debe esperar a que se cumplan todos los criterios de la enfermedad, ni a que las personas comiencen a tener consecuencias físicas graves para solicitar ayuda, esto sólo empeora el pronóstico.


En Chile los casos han ido en aumento, ha disminuido considerablemente la edad de aparición y se están viendo cada vez más varones afectados.


Se debe cambiar el foco de atención, social e individual, que resalta una estética externa, fría y superficial, a un enfoque de mayor valoración de características más profundas de los seres humanos. Debemos transmitirle a las futuras generaciones la necesidad de que aprendan que si nos esforzamos más por “estar guapas por dentro” podemos potenciar nuestra belleza exterior.



Dra. Katerina Sommer Alarcón
Psiquiatra de niños y adolescentes.
Miembro de la Unidad de Psiquiatría Infantil.
Miembro de la Unidad de Atención integral del Adolescente.
Jefa de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria.
Clínica Alemana de Santiago

viernes, 25 de julio de 2008

Niños porfiados, trastorno oposicionista desafiante



El trastorno oposicionista es definido como un patrón persistente de conducta marcadamente oposicionista, desafiante, desobediente, provocadora, llegando a ser hasta hostil, que estaría claramente fuera de los límites normales del comportamiento, comparados con niños de la misma edad sin el trastorno. Se presenta principalmente frente a los padres pero puede extenderse a otras figuras de autoridad.

La conducta oposicionista es una dimensión normal del desarrollo que se produce en el periodo preescolar entre los 2 y los 4 años, es fundamental para el desarrollo de autonomía y le permite al niño autoafirmarse.

En la adolescencia aparece nuevamente la conducta oposicionista como una forma de adquirir cierto grado de independencia, lo que coincide a su vez con el cambio en la forma del pensamiento, donde la mayoría los adolescentes comienza a desarrollar la capacidad de abstracción y a cuestionar las normas establecidas previamente, el dialogo resulta indispensable para la resolución de conflictos, logrando acuerdos donde no se alteren las jerarquias entre padres e hijos. En la adolescencia normal debería utilizarse un estilo democrático en el que esté permitido atender las necesidades de los hijos pero manteniendo limites claros y consistentes

Ambos periodos favorecen la individuación, tienden a ser transitorios y autolimitados cuando son adecuadamente manejados. Por otra parte puede ser expresión de conflictos familiares, que de no resolverse tendería a la perpetuación de la conducta lo que podría transformarla en patológica.

Los niños con este trastorno tienden a ser hiperactivos, con baja tolerancia a la frustración, muchos de ellos tienen temperamento difícil, es decir, son niños mucho mas irritables, difíciles de calmar, demandantes, etc. Se asocia con trastornos del lenguaje y aprendizaje, tienden a ser hiperreactivos a los estímulos táctiles y visuales. Todo lo anterior favorecería la desorganización del entorno y la aparición del cuadro.

Estas conductas parten siendo evidentes en la casa pero luego puede generalizarse al colegio u otro lugar en los que el niño tenga que relacionarse con figuras de autoridad.

Es uno de los motivos de consulta mas frecuentes en niños menores de 10 años. Los diferentes estudios muestran prevalencias cercanas al 15% en la población general (J. AM. ACAD. CHILD ADOLESC. PSYCHIATRY, 46:1, JANUARY 2007), se da mas frecuentemente en hombres.

En un estudio realizado en Chile por Almonte y cols. en el Servicio de Salud mental Infantil del Hospital Roberto del Río, el trastorno oposicionista alcanzaba el 5.3% del total de las consultas en menores de 15 años.
Hasta un 75% de los niños hiperactivos tiene comorbilidad con este cuadro por lo que resulta fundamental el tratamiento de ambas patologías.
Este trastorno aumenta el riesgo de tener un Trastorno de Conducta en la adolescencia y un trastorno antisocial de la personalidad en la adultez.
Se asocia a consumo de alcohol y drogas, rechazo escolar y es un factor de riesgo para conductas delictivas.


Forma de presentación


Se presenta como niños desobedientes, que frente a pequeñas frustraciones se encolerizan e incurren en pataletas con el objetivo de satisfacer sus necesidades, discuten frecuentemente con adultos, se rehusan a cumplir sus indicaciones o se oponen de manera activa. Tienden a culpar a otros de sus errores o mal comportamiento y a ser vengativo y molestosos.
En general presentan problemas de comportamiento en la casa y en el colegio con mucha dificultad para seguir las normas de la clase. Se asocia a problemas de rendimiento escolar especialmente cuando hay a la base déficit atencional con hiperactividad y trastornos de aprendizaje.

Dentro de las causas además de los factores individuales antes descritos se encuentran las dinámicas familiares y los patrones de relación en el hogar.

Es fundamental para la prevención y el tratamiento del trastorno la necesidad de establecer normas claras y consistentes. Es frecuente encontrar en las familias de niños oposicionistas la ausencia de límites, la inconsistencia en la implementación de normas y las desautorizaciones que se producen entre las figuras de autoridad.
Actualmente vivimos en una sociedad globalizada y de consumo donde los padres tienen poco tiempo para compartir con sus hijos, tratan de suplir carencias afectivas con objetos materiales, donde el discurso es “como le voy a decir que no si no lo veo en todo el día” o las experiencias de los padres en que sus propios padres fueron muy estrictos o incluso violentos no quieren repetir el patrón violento y autoritario de sus padres y caen en la permisividad e inconsistencia.

Otro patrón de relación que se repite con frecuencia es el de los padres hipercorrectores que por intentar corregir todo, hasta los mínimos detalles, terminan generando hijos rebeldes, incapaces de acatar todas las normas impuestas. Es fundamental que las figuras de autoridad establezcan límites sobre lo importante y fundamental para lograr la consistencia y no agotar a los hijos.

Permisividad y autoritarismo
Muchos padres oscilan entre la permisividad y el autoritarismo, lo que desencadena escaladas que culminan en violencia.
Reaccionan de manera impredecible no logrando establecer un patrón coherente de crianza, frente a lo que los hijos se oponen muchas veces con justa razón, no entendiendo lo que significa el respeto hacia la autoridad

Padres rígidos

Hay padres que han impuesto normas claras y consistentes a los hijos cuando son pequeños pero llegada la adolescencia mantienen las mismas formas rígidas de establecer la disciplina no logrando visualizar las necesidades de sus hijos y generando la indisciplina y rebeldía
Hay ocasiones en que la participación de otros familiares o personas involucradas en la crianza que desautorizan las normas que intentan implementar los padres

Es fundamental para ejercer un adecuado rol de padre:
ambos padres deben estar de acuerdo en el establecimiento de las normas y los límites, evitando las desautorizaciones
gastar mas tiempo en compartir que en corregir, del poco tiempo que los padres tengan para estar con sus hijos la mayor parte debe estar destinada a compartir con ellos y solo un 25% del tiempo dedicarlo a corregir de manera efectiva
ser consistentes y efectivos en la implementación de las normas y límites
mantener las jerarquias claras donde los padres deben ser las figuras de autoridad, en la familia hay que definir claramente las jerarquias
aprender a decir que no a los hijos de manera consistente.


El trastorno oposicionista es un cuadro que debe ser manejado por especialistas, que puedan detectar y tratar la comorbilidad, ayudar a cambiar los patrones disfuncionales de crianza, el establecimiento de normas y límites claros y consistentes, para prevenir las severas complicaciones, lo ideal es una detección precoz para evitar.
En casos severos se puede recurrir al uso de psicofármacos para ayudar al control de impulsos, manejo de la irritabilidad, y el tratamiento para el deficit atencional e hiperactividad


martes, 22 de abril de 2008

Niños perfeccionistas

Perfectos al extremo
Cómo lidiar con un ‘pequeño maravilla’

Esperan que todo salga tal como ellos quieren. No toleran equivocarse y son rígidos en su manera de ser.

“No me salió tan bonito como quería”, dice Catalina de 5 años. Arruga completamente el papel en el que estuvo dibujando por horas y arremete con otro, con más cara de afligida que contenta, mientras sus padres se miran, preocupados. Saben que la pequeña se toma estas cosas demasiado en serio -sobre todo después que fue bautizada como la ‘artista de la familia’- y que si no queda conforme con este segundo intento, el llanto y la rabia no tardarán en llegar.
Al hablar de este tipo de conductas, el doctor Elías Arab, psiquiatra infanto-juvenil del Hospital Clínico de la Universidad de Chile estima importante diferenciar, en primer lugar, aquellas un tanto obsesivas -pero que están dentro de lo normal en esta etapa de la vida- de aquellos comportamientos patológicos.
Por otro lado, hay pequeños que, por características personales, tienden a ser un poco más obsesivos en su vida cotidiana. “Suelen ser mucho más perfeccionistas, ordenados y detallistas, lo que en general es un rasgo bastante positivo, siempre cuando desarrollen las otras áreas de su vida, en forma integral”.
Sin embargo -enfatiza el psiquiatra- si se dedican sólo a un tema específico, en forma obsesiva y en desmedro de sus relaciones sociales y de otras actividades, probablemente eso les va a pasar la cuenta más adelante. “Los niños pueden tener temas de interés especificos cuando son pequeños, pero hay que tener mucho cuidado cuando estos temas pasan a ser el eje central de su vida, sin dedicarse a otras actividades ”.

¿De dónde tanto perfeccionismo?
El especialista sostiene que estos comportamientos tienen un componente biológico importante. “Hay niños que son temperamentalmente más obsesivos y, si observamos su genética, nos damos cuenta que tienen padres y abuelos que han sido obsesivos o muy ordenados, perfeccionistas, pulcros y muy limpios”. Pero también hay influencia del ambiente: “El desarrollo es un proceso en el que se va integrando lo biológico con lo familiar, por lo tanto, hay un aprendizaje en ese sentido, principalmente de parte de los padres”, matiza. Es importante que los padres enseñen a sus hijos que la frustración es parte de la vida y que es normal en su desarrollo. Frente a esta situación los padres deben mantener la calma, no sobredimensionar lo ocurrido, reflejando que lo sucedido no es de importancia vital. Deben ayudar a que sus hijos logren conformarse con algo bien hecho y no necesariamente perfecto. Es importante que los padres tengan expectativas realistas de las capacidades de sus hijos y se las transmitan de esta manera, sin depositar en ellos la carga que significa cumplir con expectativas sobrevaloradas.
Los padres deben reforzar los logros y avances de sus hijos, poniendo énfasis en el proceso más que en el resultado, además deben cuidar que los niños disfruten con sus actividades y que no pierdan el carácter lúdico en esta etapa del desarrollo.
No sólo las actitudes paternas, sino también las altas exigencias sociales pueden favorecer estas conductas. “Vivimos en un mundo exitista, donde los papás están muy exigidos en su trabajo y ellos también comienzan a pedir lo mismo a sus niños. Algunos sienten que los hijos casi se están jugando su futuro cuando dan una prueba para entrar al jardín infantil. Así los vamos estresando más de la cuenta y eso altera la forma en que se enfrentan al mundo, desarrollando una visión amenazante y muchas veces catastrófica del futuro. Comenzamos a observar muy tempranamente niños que nolo están pasando bien, con altos niveles de angustia y deprimidos.
Muchas veces son los colegios los que intentan que todos sus alumnos tengan el mismo nivel, no considerando que cada niño tiene distinto potencial y ritmo de aprendizaje.
Es importante saber elegir el colegio adecuado a las capacidades y características de los niños.
Otro ejemplo común de sobre-exigencia es llenarlos de actividades extra-programáticas y hobbies, a veces sin siquiera considerar sus intereses. “Se terminan estresando, aburriendo y pueden sentirse no queridos, porque piensan que se les ama más por sus logros, que por ser ellos mismos”. La consecuencia es obvia: ‘Si dejo de ser perfecto o tan bueno como hasta ahora, ya no me querrán de la misma forma’.
En otros casos, los papás pueden mostrarse flexibles con sus hijos, pero extremadamente exigentes con ellos mismos, lo que -de todas formas- hace que los niños internalicen un modelo de exigencia y lo lleven a su vida diaria.
En la medida que estas conductas sean adecuamente manejadas por los padres, estos rasgos se comienzan a flexibilizar. El desarollar tolerancia a la frustración es de vital importancia para ayudar a los individuos a adaptarse y sobrevivir al mundo de hoy. Las personas que no logran desarrollar adecuadamente la tolerancia a la frustración, terminan convirtiéndose en adultos con problemas de salud mental.
Perfección... en la medida justa
Estos comportamientos no son tan fáciles de detectar, ya que como señala el psiquiatra, muchos de ellos parecen positivos a los ojos paternos; por ejemplo, los menores que son muy ordenados, los que parecen muy perseverantes en el logro de sus objetivos y quienes muestran un talento especial.
Afortunadamente en la mayoría de los casos, el manejo de esta situación está en gran medida en manos de los padres. Sin embargo, hay otros que requieren una ayuda especializada. “Cuando se trata de un trastorno mayor, por ejemplo, de tipo obsesivo-compulsivo, los niños lo pasan mal, sufren y por ejemplo, no se pueden quedar dormidos si sus juguetes no están ordenados como corresponde, o empiezan a lavarse las manos excesivamente durante el día y terminan con grietas en la piel.
Para el resto de los niños la recomendación es más o menos la misma: si muestran un interés específico hay que motivarlo a que lo desarrolle, pero con equilibrio, que realicen al menos dos actividades diferentes (no como una obligación, sino como un placer) para que logre un desarrollo armónico. La idea es procurar que cultive tanto los aspectos sociales, emocionales, como académicos y también los más lúdicos de su vida.


martes, 29 de enero de 2008

Dismorfofobia


La dismorfofobia, también denominada trastorno dismórfico corporal o síndrome de distorsión de la imagen, es un trastorno de la percepción y valoración corporal que consiste en una preocupación exagerada por algún defecto inexistente en la apariencia física, o bien, en una valoración desproporcionada de posibles anomalías físicas que pudiera presentar un individuo aparentemente normal.


La fobia a la deformidad física es un cuadro clínico bastante frecuente; quienes poseen la convicción obsesiva de tener una parte o todo el cuerpo deformes sufren angustia por su supuesta “fealdad” y tienden a que imperfecciones minúsculas asuman una importancia desmesurada. Las quejas pueden concretarse en cualquier parte del cuerpo y afectan por igual a personas atractivas y a quienes no lo son.


Los estudios demuestran que en el 45 % de los casos la queja se centra en la forma de la nariz, si bien, las alteraciones, imaginarias o mínimas, pueden corresponder a la cara (granos, boca, mandíbula...), el peso, la estatura, el trasero, la barriga, el cabello, los pechos, pies, manos, genitales, piernas, etc.


Esta fobia o miedo a no tener un aspecto normal se observa con más frecuencia en los adolescentes de ambos sexos y esta extremadamente ligada a las transformaciones que se dan en la pubertad, comenzando hacia los doce años y finalizando, en los casos no patológicos, hacia los dieciocho o veinte años.


La aparición de la dismorfofobia puede deberse a múltiples causas, las cuales normalmente actúan sobre una cierta predisposición individual.


En la gran mayoría de pacientes encontramos que en su infancia se burlaron de su cuerpo o de alguna parte del mismo, si bien, es en el comienzo de la adolescencia cuando existe un mayor sensibilidad a la crítica, al comentario y a la comparación.


En la edad adolescente el individuo todavía se encuentra en formación y, carente de experiencia, psicológicamente es incapaz de defenderse de las agresiones externas: un posible comentario proveniente de los padres o de los amigos asume una importancia enorme si lo comparamos con las repercusiones que pudiera tener en el adulto, que puede vivirlo incluso como divertido o gracioso.


Este temor propio de los adolescentes de todas las épocas esta siendo hoy exacerbado por las continuas imágenes difundidas por los medios de comunicación. La obsesión por el cuerpo es, sin duda, una característica de nuestro tiempo y el culto que se le rinde es cada vez más importante. Los jóvenes están siendo obligados a compararse con el estereotipo rígido de belleza y salud que la sociedad nos propone.


La alta competitividad de la sociedad en la que vivimos, el bombardeo publicitario de modelos con cuerpos perfectos y la falta de valores reales provocarán en el adolescente una disminución de la autoestima de manera que su único mecanismo de defensa será acrecentar el grado de identificación con el grupo que frecuenta, con la imagen que esta de moda o con su propio ídolo. Así, el grupo de los amigos se convertirá en uno de los principales puntos de referencia cuya aprobación o rechazo, real o imaginario, reviste gran importancia en este particular momento de la vida, haciendo al adolescente extremadamente dependiente de este tipo de opiniones. Esto es aún más acentuado en las adolescentes. En ellas se aprecia una mayor necesidad de sentirse bellas y admiradas: en encuestas realizadas en muchachas de 11 a 19 años, la preocupación principal es su apariencia física (59%) y solo el 4% aspira a una mayor capacidad intelectual.


La gravedad del proceso dismorfofóbico es todavía mayor cuando esta fobia persiste en la edad adulta: Al finalizar la adolescencia la persona debe haber adquirido la suficiente madurez psíquica y un sentido de seguridad en si mismo tal que le permita superar cualquier impedimento motivado por su aspecto físico y relacionarse adecuadamente con sus semejantes. No se puede negar que un aspecto físico no particularmente atractivo sea causa de sufrimiento, sin embargo, eso es diferente a la fobia adolescente a no ser normal. Por otra parte, en nuestra sociedad el adulto tiene a su alcance mayores posibilidades de resolver su problema gracias a la contribución de la cirugía plástica a la mejoría general de la condición estética de la humanidad.


Otra circunstancia en la que con frecuencia encontramos este cuadro es en mujeres a las que el marido socaba su seguridad mediante ofensas y comentarios sobre su físico.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Trastornos de Ansiedad y Familia

Dr. Elías Arab
psiquiatra de niños y adolescentes




Los trastornos de ansiedad están entre los mas prevalentes trastornos psiquiátricos en niños y adolescentes, con rangos que oscilan entre un 3 y un 15 % (Ginsburg & Sclossenberg, 2002)
Estos trastornos producen un severo daño en el funcionamiento diario de los niños y sus familias, presentan dificultades de atención y desempeño escolar, dificultades para interactuar y relacionarse con sus pares, baja autoestima, tienen altos niveles de conflictos familiares y experiencias significativas de distress personal y depresión.
Los trastornos de ansiedad en los niños con frecuencia continúan hacia la adultez (Pine et al., 1998).
Recientes estudios de niños con trastornos ansiosos muestran un riesgo aumentado de 2 a 4 veces de padecer un trastorno de ansiedad en la adultez y sin tratamiento puede tener una evolución crónica y un peor pronóstico.
Estos hechos sugieren que un trastorno de ansiedad en la niñez confiere significativos riesgos tanto a corto como a largo plazo, lo que aumenta la necesidad de un trata-miento oportuno y efectivo.
Los síntomas ansiosos pueden ser identificados desde pequeños para así iniciar estrategias de intervención adecuadas. Los modelos biopsicosociales muestran aspectos del diagnóstico y tratamiento de estos trastornos, por lo que es importante considerar los aspectos neurobio-lógicos, neuropsicológicos, temperamento, vínculo, desarrollo, familia, riesgo asociados y comorbilidad para entender el sentido que tiene los síntomas para cada uno de los pacientes y sus familias.



La terapia cognitivo conductual ha mostrado resultados efectivos en reducir la ansiedad en un 50-80 % de los niños, cuando se aplica en forma individual, pero no es efectiva para todos los pacientes, aproximadamente 20-50 % permanece con síntomas después de la intervención.
Las intervenciones basadas en la familia incorporan la enseñanza a los padres de estrategias especificas para reducir la ansiedad en sus hijos, para esto es importante evaluar los estudios familiares de ansiedad, modelos etiológicos de trastornos ansiosos en niños, investigaciones del comportamiento parental y aspectos del medioambiente familiar asociado con la ansiedad y la eficacia de los tratamientos basados en la familia.



Estudios familiares de ansiedad

Relaciones familiares problemáticas son mas preva-lentes en niños ansiosos que en niños no ansiosos, pero la relación causal no ha sido aún establecida.
Los estudios revelan un 60% de los hijos de padres ansiosos cumplen criterios para diagnosticar un trastorno de ansiedad. Beidel & Turner 1997 evaluó a hijos de padres con trastorno de ansiedad, depresión mayor, con ambos trastornos y controles sanos, encontrando que los hijos de padres ansiosos cumplían 5 veces mas frecuentemente criterios DSM para algún trastorno de ansiedad comparado con los hijos de sujetos control. Similares hallazgos fueron encontrados en depresión mayor y cuando existe comorbilidad entre ambos.
Las familias de niños ansiosos son mas entrelazadas, mas controladoras, mas rechazantes y menos directas en comparación con familias niños sin ansiedad.
Investigaciones sugieren que los padres refuerzan la evitación, inseguridad y los comportamientos ansiosos en sus hijos lo que juega un rol en el desarrollo y la mantención de los trastornos. Al evaluar niños ansiosos se encontró que un 80% de los padres cumplían criterios para diagnosticar algún trastorno de ansiedad.
Podemos hipotetizar que la ansiedad corre a través de la familia, los mecanismos de transmisión son aún desconocidos, pero están involucrados mecanismos genéticos y medioambientales, algunos de los cuales es posible tratar por lo que es importante para esto entender los modelos etiológicos.


Modelos etiológicos

Los trastornos de ansiedad tienen una distribución familiar. Last et al., 1987 reportó un elevado riesgo de patología ansiosa en familiares de niños con trastornos de ansiedad cuando se comparaban con familiares de controles sanos y familiares de pacientes con SDAHA. Estudios de gemelos monocigotos arrojaron rangos de concordancia significativamente mayores que en gemelos bicigotos, con una heredabilidad estimada de un 59%, pero cada gemelo tiene distinta patología de la linea ansiosa, lo que supone la heredabilidad de un factor ansioso-neurótico y no de un trastorno específico (Warrent el al., 1999). Kendler et al., 1992 reportó la agregación familiar de la agorafobia, fobia social, fobia situacional y fobia especifica, como una “propensión a la fobia” y que los factores ambientales juegan un rol prominente en su desarrollo, por lo tanto los trastornos de ansiedad tienen una base biológica de vulnerabilidad para ansiedad en general y no para trastornos específicos.
Entre los modelos teóricos para entender el desarrollo de los de ansiedad en la infancia, existen factores recíprocos entre padres e hijos que contribuyen a su desarrollo y mantención, en contextos de estresores medioambientales.
El comportamiento parental juega un rol fundamental en la etiología y tratamiento de los hijos, cierto temperamento parental junto con una historia de apego inseguro predispone a los padres a síntomas psicológicos y psiquiátricos en general y a patología ansiosa en particular.
Altos niveles de ansiedad paterna comúnmente interfieren con el desarrollo de la adaptación de los padres a las nuevas habilidades de los hijos y aumentan así los comportamientos que promueven la ansiedad e incrementan la vulnerabilidad de los hijos a desarrollar trastornos ansiosos.
Comportamiento parental y síntomas psiquiátricos también están influidos por factores medioambientales, desempleo, muerte, falta de soporte social, discordias de pareja, etc.
Este modelo sugiere que los padres que emplean comportamientos inductores de ansiedad en sus hijos ya sea debido a su propia ansiedad o en respuesta a factores del niño por lo que puede ser mas difícil asistir al niño en su desarrollo adaptativo, cognitivo, social y emocional.
Patrones de conducta parental maladaptativa puede moderar o mediar el desarrollo de trastornos de ansiedad en jóvenes.

Estrés parental

El estres parental afecta negativamente la calidad de los cuidadores, las interacciones parento-filial y el comportamiento del niño, lo que produce riesgos para desarrollar apegos inseguros (Manasiss et al., 1994), falta de respuesta y uso de estilos parentales negativos (falta de afecto, supervisión y autonomía).

Temperamento

Al estudiar el temperamento de pacientes con trastornos de ansiedad aparece el comportamiento inhibido como un factor de riesgo para desarrollarlos. Los hijos de padres ansiosos presentan mas frecuente-mente este tipo de temperamento lo que los predispone al desarrollo de psicopatología ansiosa.
Kagan et al., reportó que 10-15% de niños blancos americanos nacían con predisposición a ser irritables, luego tímidos y miedosos en la edad preescolar y cautos, quietos e introvertidos a la edad escolar. Al comparar cohortes de pacientes con comportamiento inhibido o desinhibido expuestos a ambientes similares, las diferencias entre ellos se mantenían constantes en las evaluaciones posteriores. Kagan encontró que los niños inhibidos eran evitantes en el primer día de clase y presentaban ansiedad de separación. Postuló que los niños inhibidos tenían un menor umbral de activación en el circuitos amígdala-hipocampal espe-cialmente a eventos no familiares lo que produce activación simpática.
Estudios reflejan que la prevalencia de comportamiento inhibido es mas frecuente en hijos de padres con trastorno de pánico con agorafobia con o sin comorbilidad con depresión en comparación con hijos de padres sin trastornos de pánico ni depresión. Los hijos de padres con trastorno de pánico y depresión presentaban comportamiento inhibido en rangos de un 70-80 %, y presentan un riesgo significativamente mayor de presentar trastornos de ansiedad en la niñez y adultez

Variables familiares asociadas con trastornos de ansiedad en niños

Se han evaluado las dimensiones del estilo parental y el funcionamiento medioambiental/famliar, como el comportamiento parental especifico y las interacciones parento-filiales.

Sobrecontrol

Fue definido como comportamientos intrusivos, que permiten una mínima autonomía a los hijos, restringen la individualidad, uso excesivo de instrucciones y restricción de los comportamientos de los niños durante la realización de tareas. Altos niveles de control parental se han asociado con altos niveles de ansiedad en niños. Los padres de niños con trastornos de ansiedad otorgan menos autonomía y mas control en los diálogos con sus hijos que los padres de niños controles.

Sobreprotección

Fue definida como el uso de excesiva precaución, comportamien-tos protectores o restricción en au-sencia de causa o razón. Se encontró que altos niveles de sobreprotección fueron asociados con altos niveles de ansiedad en niños, también se asoció la sobreprotección con fobia social en adolescentes.

Modelo de ansiedad y refuerzo de conductas evitativas

Padres con patrones ansiosos mostraban comportamientos ansiosos y evitación en presencia de sus hijos. En todos los estudios se observó que los padres reforzadores de ansiedad y evitativos eran mas frecuentes en niños ansiosos comparados con controles sin trastornos de ansiedad.
Los padres de niños ansiosos, es mas probable que concuerden y apoyen interpretaciones ansiosas y conductas evitativas en sus hijos.

Expectativas y creencias negativas acerca de sus hijos

Las creencias parentales y expectativas juegan un importante rol en la etiología de la ansiedad en niños. Al comparar las expectativas y atributos en relación a la habilidad de sus hijos de manejar una situación de estres, las madres de hijos ansiosos tienen expectativas mas altas, son menos confiadas en las habilidad de sus hijos para realizar la tarea y tienden a usar menos explicaciones para la realización de estas, es decir tienen ideas mas fijas respecto a las capacidades de sus hijos y mantienen la ansiedad y la evitación.

Simpatía emocional y positividad

Fueron definidos como afectos positivos, expresión de afectos, mostraban positiva consideración reconocimiento de sentimientos, sonrisas con el niño. Altos niveles de simpatía y positividad fueron asociados con menores niveles de ansiedad.
Los padres de niños no ansiosos comunican afectos mas felices a sus hijos.

Repulsión y crítica

Definido como desapruebo, enjuiciamiento y comportamiento crítico por parte de los padres.
Altos niveles de repulsión y crítica parental fueron asociados con altos niveles de ansiedad en niños.

Conflictos

Fue definido como desacuerdos entre los integrantes de la familia, lucha, discusiones, disarmonía, agresión física y verbal. Algunos estudios encontraron altos grados de conflicto familiar fueron asociados con alto niveles de ansiedad. Otros hallazgos muestran que los niños ansiosos reportan mas conflictos que los controles sanos pero no se encontró diferencias al compararlos con niños depresivos.


Estilos parentales

Se establecieron tres estilos parentales:
1. autoritario
2. autoritario/democrático
3. Permisivo/laissefair

Los padres autoritarios dirigen el comportamiento de sus hijos usando control estricto, limitando autonomía y libertad de los hijos y demandando obediencia.
El estilo autoritario democrático también intenta dirigir el comportamiento de sus hijos, tiende a estimular verbalmente, participar racionalmente de las reglas y valorar la independencia.
Los padres permisivos exigen poco a sus hijos evitan el control de los comportamientos y estimulan la autorregulación de sus hijos.
El estilo autoritario/democrático se ha asociado con menos ansiedad.


Tratamientos Familiares

Existe evidencia que muestra que la terapia familiar puede ser mas efectiva en niños cuyos padres tienen un trastorno de ansiedad al comparar tratamiento individual v/s familiar de orientación cognitivo-conductual entre niños ansiosos con y sin padres ansiosos.
La terapia debe ser directiva y activa usando preguntas, proporcionando instrucciones, con retro-alimentación hacia los padres. Se obtiene un foco y se orienta a la solución, incluyendo la conceptualización cognitiva de los comportamientos ansiosos del niño (Psicoeducación), manejo de las contingencias, usando estrategias para reducir comportamientos evitativos y ansiosos, enfatizando un modelo parental no-ansioso.
Por lo tanto los padres son un pilar fundamental del tratamiento y son parte importante del equipo terapéutico.

Psicoeducación

Involucra técnicas de conceptualización cognitiva de la ansiedad y su tratamiento. A menudo se comienza con una explicación y discusión de las manifestaciones de la ansiedad.
1.-física: como dolor abdominal, cefalea, taquicardia, etc.
2.-distorsiones cognitivas: tales como “voy a tener un infarto y morir si como esto”.
3.-comportamiento: evitación del colegio o fiestas, pataletas, llanto o agresividad.
Una explicación del modelo de tratamiento a utilizar y las estrategias de aprendizaje para el manejo de las manifestaciones de ansiedad.
Se les enseña a padres e hijos la importancia de reconocer las diferentes manifestaciones de la ansiedad y valorar el uso de ejercicios de relajación para disminuir el estrés, a identificar los pensamientos distorsionados, evaluarlos con exactitud, cambiarlos por otros mas realistas y frente a los comportamientos evitativos se debe explicar el concepto de “encarar el miedo” aproximándose progresiva y gradualmente a las situaciones que teme y que el continuar con evitación tiende a incrementar la ansiedad.

Manejo de contingencias

Están diseñadas para ayudar a los padres a manejar y reducir la ansiedad en sus hijos, explicar que los comportamientos ansiosos y evitativos han sido aprendidos y deben ser desaprendidos, usando principios básicos de enseñanza y modificando comportamientos. Se utilizan conceptos de refuerzo positivo y negativo, consecuencias, modelaje y extinción.
Se muestra a los padres como moldear los comportamientos a través de recompensas o premios por buenos trabajos o por aproximaciones frente a comportamientos deseados, enfrentamiento de miedos.
El uso de la extinción, eliminar refuerzos inadecuados como la exagerada atención frente a los comportamientos ansiosos y situaciones en las que la familia se acomoda a la ansiedad del hijo evitando ciertas situaciones, dormir con los padres, no asistir a reuniones sociales, etc., porque produce distres en el niño.
Se pueden utilizar contratos de contingencia donde el paciente se compromete a realizar algunas actividades. Sirve para clarificar cual es el rol de cada uno de los integrantes de la familia y recordar al niño a que se comprometió.

Reducir la ansiedad parental

El manejo de la ansiedad parental es un factor importante para la mejoría de los niños y el éxito de la terapia basada en la familia.
Durante la psicoeducación ayudamos a los padres a reconocer sus propios síntomas y discutir mejores vías de manejo de las situaciones para poder así modelar su ansiedad, aplicando las mismas estrategias utilizadas para el manejo de sus hijos, si no es suficiente sería necesario la derivación a terapia individual.

Reestructuración cognitiva

En relación a las expectativas que tienen los padres de sus hijos, por ej., de sus competencias, no es infrecuente que los padres manifiesten creencias de que sus hijos no pueden hacerse cargo de la situación, lo que puede interferir en la recuperación.
Los padres deben identificar las distorsiones cognitivas que tienen de sus hijos que se cambian por otros pensamientos mas realistas acerca de ellos.

Relación Parento-filial

Focalizada en reducir los conflictos parentofiliales, mejorando la comunicación familiar, incremen-tando el compromiso y apego hacia sus hijos.
Con respecto a las habilidades de comunicación el énfasis se pone en educar a los padres respecto a patrones negativos de comunicación como por ejemplo interrupción, culpabilización y críticas; utilizando métodos alternativos y estilos mas positivos de comunicación (complemen-taria, sonrisa, etc), que son enseñados y practicados. Se Incluyen métodos de comunicación no verbal.
Los elementos a entrenar son identificar mutuamente los problemas, lluvia de ideas y soluciones, rescatar la mas óptima, y finalmente evaluar el trabajo realizado.
Es importante proporcionar a los padres la información de que altos niveles de conflicto pueden incrementar los niveles de ansiedad en sus hijos.
Trabajar estrategias parentales básicas como son acuerdos entre los padres, las desautorizaciones y la inconsistencia, límites, como manejar sus propios miedos y frustraciones.
No involucrar a los hijos en los problemas conyugales, no triangularlos y proporcionarles un ambiente familiar predictivo con claridad en los roles y en el funcionamiento.




Bibliografía

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domingo, 26 de agosto de 2007

Video juegos y adicción




Los Video juegos nacen en la década de los 70 y actualmente están distribuidos en todo el mundo. Las ventas anuales de las empresas que los comercializan estos productos han aumentado dramáticamente de U$ 100 millones en el año 1985 a U$ 4 billones el año 1990.


Efectos en los Usuarios


Los Video juegos pueden producir múltiples efectos en los usuarios. Estudios preliminares muestran subdesarrollo de lóbulo frontal en jugadores frecuentes de video juegos. Se ha asociado a disminución de actividad beta medida por electroencefalograma, presentan dificultades en la concentración y mayor irritabilidad. Postulan que la exposición a violencia en los medios puede cambiar la respuesta cerebral a estímulos corrientes.



Los Video juegos tienen la capacidad de inducir a corto plazo comportamientos violentos como prosociales en los niños, siendo esta respuesta mas intensa en niños pequeños. Es independiente de variables temperamentales.


En adolescentes cuyo video juego favorito era violento presentaban menores niveles de empatía. El pronóstico a largo plazo para todas las edades es incierto, no pudiendo asociarse a algún tipo de psicopatología en especial.



Adicción


Algunos autores sugieren que entre un 10 a 15 % del total de jugadores, desarrollan conductas adictivas similares a la dependencia a sustancias y/o juego patológico, presentando fenómenos de abstinencia, tolerancia y sensación de perdida del control.
En muchos casos es utilizado como método para escapar de la realidad, presentando serias alteraciones a nivel social y familiar .



Resultados del estudio nacional

Este trabajo nos muestra que los escolares estudiados, que poseían mayores puntajes en la escala de adicción a video juegos, presentaban una asociación con sexo masculino, mayor número de horas dedicadas al uso de video juegos, menor rendimiento escolar, mayor cantidad de anotaciones negativas y mayor presencia de patrones familiares disfuncionales, destacando entre ellos una menor supervisión parental.




Los niños que juegan mas de una hora de lunes a viernes y cuyo tiempo dedicado al uso de videojuegos ha ido en aumento sería, en nuestra muestra, el grupo de mayor riesgo de desarrollar adicción a video juegos y si el niño se ha escapado de clases o a tenido discusiones con alguien a raíz del uso de los video juegos sería, según lo visto en nuestro trabajo, lo que tendría mayor especificidad para pesquisar adicción a video juegos.


Pretendemos con este trabajo realizar un primer acercamiento a la evaluación de una realidad de nuestros niños y adolescentes, donde el pasar largas horas del día frente a una pantalla entreteniéndose con videos juegos es ampliamente aceptado y permitido por los adultos. Esta situación, asociada a una escasa supervisión de las horas dedicadas a los videos juegos sin un análisis criterioso, es peligroso por los posibles efectos que puede generar en el neurodesarrollo, en las relaciones afectivas y sociales de nuestros niños y por el eventual riesgo de generar una patología dentro del terreno de las adicciones.



Es fundamental ampliar la muestra de nuestro estudio para poder determinar si los criterios pueden ser aplicados en la población general y realizar otros trabajos para evaluar la repercusión del uso de video juegos a largo plazo en nuestra población y determinar posibles estrategias a implementar en los escolares de mayor riesgo.

Así mismo se hace necesario llegar a un consenso entre los especialistas para determinar específicamente los criterios que nos permitan hablar de adicción a video juegos, estableciendo puntos de corte de las escalas existentes para implementar el diagnóstico clínico como entidad nosológica y así desarrollar estrategias e intervenciones para manejar estas dificultades.


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Bullying... matonaje escolar

Bullying

A fines de noviembre pasado, Pamela Pizarro, alumna de octavo básico del liceo Javiera Carrera de Iquique, ya no soportó más las constantes burlas y el acoso de sus compañeras de curso y se quitó la vida. La historia de esta adolescente de 13 años de edad conmovió a todo el país por su trágico desenlace. Sin embargo, no ha sido el último caso de “matonaje” escolar del que se tiene noticia.

Recientemente se conocieron dos videos subidos al sitio de Internet
www.youtube.com, en que se repiten este tipo de conductas de hostigamiento y maltrato entre estudiantes chilenos. Uno de ellos muestra la agresión a un alumno de un liceo de La Cisterna por parte de un grupo de compañeros y, en el otro, se observa una pelea entre dos escolares que termina con uno de ellos en el suelo, producto de una fuerte patada en la cara.

El Dr. Elías Arab López, psiquiatra de niños y adolescentes del Hospital Clínico Universidad de Chile, señala que el “matonaje” escolar -también conocido como “bullying”- se da cuando un alumno o un grupo más fuerte intimida y maltrata en forma repetida, de manera intencionada y a lo largo del tiempo a un compañero más débil e indefenso.

El especialista, quien trabaja en la Clínica Psiquiátrica Universitaria de la mencionada casa de estudios y es, además, miembro de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia (SOPNIA), explica que para estar en presencia de “bullying” es necesario que exista abuso de poder -condición que es indispensable- y repetición en el tiempo del maltrato. “El individuo que es víctima no puede salir de esta dinámica abusiva”, especifica.

Agrega que el “matonaje” puede producirse mediante diversas conductas, tales como burlas, amenazas, intimidaciones, agresiones físicas, aislamiento sistemático, insultos, y agresiones a través de Internet o teléfonos celulares: una modalidad que en el último tiempo ha ido adquiriendo cada vez mayor presencia.

Razones del aumento


El “bullying” o “matonaje” escolar es un fenómeno que ha existido siempre, pero que en los últimos años parece ir en aumento.

En opinión del Dr. Arab, son varios los factores que explican este incremento. “Por una parte están los cambios socioculturales, donde la violencia es un fenómeno masivo que aparece diariamente en los medios de comunicación y que está influyendo en el comportamiento de los niños, haciendo que éstos se comporten de una forma más violenta”.

“La globalización, además de los aportes que ha significado para el desarrollo del hombre, también ha masificado hechos repudiables, que probablemente antes eran de carácter local. Así, hemos sido testigos directos de guerras, ataques terroristas, actos delictuales, etcétera”, añade.

El psiquiatra afirma que, de acuerdo a múltiples estudios, la violencia en los medios -televisión, Internet, videojuegos- se ha asociado al aumento de interacciones violentas entre los individuos, especialmente en los niños. Así, según estas investigaciones, los tres primeros efectos derivados de la observación de escenas violentas consisten en el aprendizaje de conductas agresivas, desensibilización frente a la violencia y temor a ser víctima de esta misma.

A su juicio, una de las principales diferencias que existe entre el “matonaje” escolar que tenía lugar en el pasado y el actual se relaciona con el uso de las nuevas tecnologías.

“Actualmente están tomando más fuerza las agresiones a través de teléfonos celulares, mensajes de texto y en Internet mediante el chat, correo electrónico, fotolog y, últimamente, subiendo videos al portal youtube”, comenta.

“La dificultad ante este fenómeno, conocido como ‘ciberbullying’, es que pasa mucho más inadvertido por los padres y profesores. Es de carácter anónimo, complejo de frenar, mucho más masivo y de difícil manejo. Por otro lado, como ocurre en un espacio virtual, los colegios no se hacen cargo y muchos padres ni siquiera se enteran. Al difundirse tan rápidamente y casi sin control, los efectos pueden ser aun más devastadores que cuando se produce directamente, donde resulta más fácil identificar a los involucrados”, agrega el especialista.

Las causas tras el “bullying”

El Dr. Elías Arab señala que las causas que explican este fenómeno son de carácter multifactorial. Por una parte, existen elementos socioculturales que inciden en este tipo de comportamiento. “Actualmente vivimos en una sociedad mucho más violenta, en la que se privilegian los logros económicos y el éxito, sin importar muchas veces el cómo se consiguen los objetivos”, argumenta.

A lo anterior se suma el hecho de que muchas veces existe, desde los colegios, una minimización del problema del maltrato entre los pares: “Se intenta entregar mensajes como: ‘es juego de niños’, ‘no debes hacerles caso’ o ‘debes ignorarlos’, y no se toma conciencia de que se trata de un problema que, según datos nacionales, involucra a cerca de un tercio de la población escolar adolescente”.

El entorno familiar, tanto de los agresores como de las víctimas, también juega un papel importante.

“En la familia de los individuos que actúan como agresores existen altos niveles de hostilidad, falta de acuerdos entre los padres y se utilizan muchas veces métodos autoritarios de disciplina, que resultan inconsistentes. Por otro lado, en las familias de los niños que son víctimas, se observan altos niveles de sobreprotección, con hijos dependientes y que tienen poca capacidad para resolver sus conflictos”, explica el profesional.

Perfil de víctimas y victimarios


En relación al perfil de los agresores, el Dr. Elías Arab señala que es más frecuente que éstos sean hombres, de condición física fuerte y con una serie de dimensiones de personalidad comunes. Sobre este último punto, indica que se trata de niños que por lo general establecen una dinámica relacional agresiva y violenta con aquellos que consideran débiles y cobardes; poseen un temperamento agresivo e impulsivo, y carecen de sentimientos de culpa y empatía hacia las víctimas. Además, se consideran líderes y se sinceros; son provocadores; son descritos como populares, y buscan reafirmarse frente a sus pares y alcanzar una posición superior.
En las mujeres el bullying se produce mas indirectamente a traves de la exclusión social o inventar o difundir rumores.

Este tipo de conducta -añade el psiquiatra- muchas veces coincide con el inicio del desarrollo puberal.

Las víctimas del “matonaje”, por su parte, por lo común comparten un aspecto físico débil. Se trata de menores que viven sus relaciones interpersonales con un alto grado de timidez -lo que en ocasiones les lleva al retraimiento y aislamiento social- y que muchas veces se alejan del promedio en cualquier dirección.

Con el tiempo, las víctimas también pueden llegar a transformarse en abusadores, según advierte el Dr. Arab, siempre y cuando no media una intervención, no es un camino del que no se pueda Salir.

Sobre las consecuencias de esta clase de comportamiento, el especialista explica que, en el caso de los agresores, por lo general los niños violentos tienden a seguir siendo abusadores cuando adultos. Además, pueden sufrir problemas en el trabajo y en la vida afectiva; ser personas abusadoras en el trabajo (“mobbing”) y en la casa; presentar trastornos de conducta (por ejemplo, conductas delictuales, abuso de alcohol y drogas, entre otras) y negligencia parental en la edad adulta.

Las víctimas, por su parte, sufren graves problemas emocionales, entre los cuales se pueden mencionar: depresión, ansiedad, trastornos del sueño, de la alimentación, desencadenante de anorexia o bulimia, abuso de alcohol o drogas, intentos suicidios y suicidio consumado. A esto se suma la presencia de trastornos psicosomáticos (múltiples quejas físicas sin causa identificable) y un importante grado de rechazo escolar.

“Las secuelas tienden a permanecer hasta la edad adulta, convirtiéndose en personas inseguras en el trabajo o que se pueden vuelven abusadores”, afirma.

Estar atentos…


Para el Dr. Elías Arab, tanto los agresores como las víctimas del “matonaje” escolar necesitan ser ayudados y requieren apoyo.

“Los padres deben estar atentos a lo que les sucede a sus hijos, escuchar sus peticiones de ayuda y no minimizar sus necesidades. Es necesario que sepan lo que hacen sus hijos, conozcan su fotolog y estén atentos a los mensajes que reciben por Internet o por celular”, aconseja. También puede existir disfunción en las familias de todos los involucrados, por lo que resulta indispensable realizar un trabajo terapéutico con ellos para mejorar los patrones relacionales alterados.

“El decir a los hijos que ignoren lo que pasa no soluciona el problema; éstos necesitan apoyo para poder resolver sus conflictos de manera adecuada. Cuando las dificultades son más intensas y se asocian a rechazo escolar, síntomas físicos o anímicos, se hace necesario consultar con un especialista”, subraya.

En cuanto a los establecimientos educacionales, el especialista señala que es fundamental que éstos tomen conciencia de la dimensión de este fenómeno y desarrollen planes efectivos para el control y manejo del problema. “No debemos esperar a que las cifras de suicidio escolar aumenten para tomar conciencia de la gravedad a la que puede llevar el bullying”, sostiene.

“Lo indispensable es que los testigos de la violencia no se transformen en meros espectadores de lo que sucede, sino que deben participar activamente para detener el matonaje. Entre estos testigos están los compañeros de curso, los padres, profesores, directores, el equipo de salud, las autoridades de gobierno, etcétera. Todos ellos deben estar involucrados en los planes de acción”, concluye.


RECUADRO 1:

Consecuencias de la violencia escolar:
  1. Los niños victimizados disfrutan menos ir a la escuela, tienen menos amigos y encuentran menos utilidad en lo aprendido.
  2. Los comportamientos disruptivos en la sala de clases dificultan el aprendizaje de todos los alumnos.
  3. La violencia escolar constituye un factor de riesgo para el desarrollo de conductas violentas y otros comportamientos de riesgo a largo plazo.

    Fuente: Dr. Elías Arab, psiquiatra Hospital Clínico Universidad de Chile.

RECUADRO 2:

Otros problemas de convivencia en los establecimientos educacionales
El psiquiatra Elías Arab afirma que es importante distinguir entre el “bullying” o “matonaje escolar” y otro tipo de problemas de convivencia en los establecimientos educativos. Entre estos últimos es posible mencionar:

  • Problemas de indisciplina: incumplimiento de reglas y normas de convivencia.
  • Conducta antisocial: indiferencia grave hacia las normas sociales, con ostentación y sin ningún sentimiento de culpa (robos, destrozo de mobiliario, etc.).
  • Conductas disruptivas: comportamientos molestos que suceden con impulsividad, falta de motivación y marginación del trabajo escolar (molestar e interrumpir).
  • Desinterés académico: comportamientos de apatía y desinterés (no prestar atención, dormirse en clases, etc.).